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sábado, julio 05, 2008

DIEZ RAZONES PARA VIAJAR A CUBA


ARIEL HIDALGO


Hasta 1978 fue el gobierno cubano el más renuente a permitir el regreso de los exiliados. Lo aceptó finalmente como un desafío, jactándose de la firmeza del llamado ''hombre nuevo'', y las consecuencias fueron traumáticas. Un peligroso ''virus'' propagaban los labios de los visitantes para penetrar los oídos del pueblo y provocar síntomas alarmantes, pues tornaba a una población hasta entonces tranquila y conformista en inquieta y rebelde. Para detener aquel proceso inventaron una crisis diplomática que debía desembocar en un éxodo masivo. Pero las consecuencias fueron más allá de sus pronósticos.


Los vecinos intentaban escapar por cualquier medio. Comenzó con más de diez mil, creció a más de cien mil y finalmente llegaron a contabilizarse aproximadamente dos millones de intenciones de posibles emigrantes. Y para detener aquella gran estampida, lanzaron a las calles turbas armadas de cabillas para golpear bajo soeces insultos, secuestrarlos durante horas de hostigamiento, allanar violentamente o sitiar sus viviendas, cortarles el agua y la corriente eléctrica por varios días sin importar que en su interior hubiese ancianos y niños. Todo con la mayor impunidad. Quienes vivieron aquellos terribles episodios saben que estoy diciendo la pura verdad.


Aquellos actos monstruosos golpearon las conciencias de muchos partidarios de aquel régimen. Algunos huyeron. No faltó quien se suicidara. Pero entre los que se quedaron se gestó una corriente de protesta pacífica imposible de atajar: el movimiento cívico y de derechos humanos.
Todo aquello fue, en gran medida, consecuencia de la política de distensión de una administración norteamericana paradójicamente repudiada por ese sector cubanoamericano que ahora promueve, apoya y aplaude una medida más de coerción a esos viajes con argumentos tan ridículos que ni siquiera merecen comentarios. Por el contrario, existen suficientes razones para considerar contraproducentes y absurdas las restricciones de viajes a Cuba, pero bastarían sólo diez:
• El derecho al libre movimiento de los ciudadanos y en particular el de regresar a su propio país está garantizado por el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobado por Naciones Unidas y por la Constitución de los Estados Unidos.
• Siendo la familia la célula de cualquier sociedad, sólo la reunificación familiar podrá mantener la unidad de la población cubana frente a los efectos divisivos del régimen totalitario.
• La razón humanitaria de los viajes sería por sí sola suficiente: el apoyo espiritual y material a familiares que sufren situaciones de precariedad muchas veces extremas.
• Las restricciones a los viajes terminan casi siempre afectando económicamente a los residentes del estado que los promulga, ya sea por verse obligados a viajar por terceros países con más gastos y mayores ganancias para el gobierno cubano por tener que utilizar Cubana de Aviación en vez de aviones charter, o incluso poner en peligro la existencia de agencias de viaje con aumentos del desempleo.
• El que va a Cuba transmite con su palabra e incluso con su acto de presencia un mensaje que estimula el ansia de libertad y prosperidad y una conciencia de derecho, algo igualmente válido para las visitas a la inversa, las de cubanos residentes en Cuba a familiares del exterior.
• Tanto los gastos como los obsequios del viajero entre la población, ya sea en paladares, taxis privados, comprando artesanías o simplemente ayudando monetariamente a familiares, contribuyen a romper el lazo de estrecha dependencia entre la ciudadanía y el estado, y como se sabe la independencia económica es condición indispensable para la independencia política.
• Todos los exiliados deseosos de influir en un cambio favorable para Cuba deben tener la mayor información sobre esa realidad interna para luego poder tomar las decisiones más acertadas, y esto se obtiene principalmente siendo testigos de primera mano y hablando directamente con gente del pueblo. Ese contacto es un acto milagroso que transfigura las perspectivas de quienes viajan por primera vez, como salidos de las aguas del Jordán en tiempos evangélicos.
• Una línea de acción mancomunada en pro del cambio entre los activistas de dentro y de fuera requiere la mayor comunicación posible y para ello se precisa fomentar la más amplia libertad de movimiento.
• Asumir el papel de represores del libre movimiento no es el mejor mensaje de solidaridad y libertad hacia la población del archipiélago, ni la mejor imagen a proyectar ante el mundo, y por tanto es preciso dejar ese impopular papel al gobierno cubano, que se verá atrapado en la disyuntiva de tener que permitir libremente los viajes o descaracterizarse como el verdadero represor por naturaleza.
• Las restricciones, impuestas durante muchos años, no han tenido resultado positivo alguno para el logro de una apertura democrática en Cuba. En cambio, fue evidente el inmediato efecto desestabilizador para el sistema totalitario de la liberalización de los viajes durante el período de la administración Carter.
Los políticos que continúan restringiendo viajes y remesas no se percatan de que los tiempos están cambiando y que con esas medidas ellos mismos están demoliendo sus torres de marfil. Un nuevo liderato, con visión de futuro, se levantará sobre sus escombros.
infoburo@AOL.com

CUBA Y LOS ESPIAS EN MIAMI


Cuba reconstruyó red de espías en la Florida, dice experto en inteligencia



El teniente coronel Chris Simmons, un oficial de contrainteligencia del Ejército, declaró a The Miami Herald que entre 9 y 18 meses después del desmantelamiento de la red en 1998, el número de agentes y oficiales de inteligencia cubanos en el estado había regresado a niveles anteriores a la Red Avispa, cerca de unos 210.

"La pérdida de cualquier red no compromete a nada que esté fuera de su propia estructura'', dijo Simmons, quien hizo notar que al parecer los espías de Cuba operan en células compartimentadas y aisladas unas de otras.

La declaración de Simmons marca la primera vez que un funcionario estadounidense se refiere en detalle al número de espías cubanos en el estado durante los últimos años. Asimismo, enumeró los probables blancos de los espías, entre los que se encontraban los grupos de exiliados cubanos y las instalaciones militares de EEUU.

La misión diplomática del gobierno cubano en Washington no aceptó preguntas sobre el tema debido a que el buzón de mensajes telefónicos del secretario de prensa estaba lleno. El tampoco respondió a un correo electrónico.

Judy Orihuela, vocera del FBI en Miami, se negó a comentar el tema.

Pero Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, afirmó que lo dicho por Simmons se encuentra "dentro del campo de lo posible en el nebuloso mundo'' de la inteligencia.

"Al gobierno cubano le interesa cualquier cosa que tenga que ver con la seguridad de los líderes cubanos'', dijo Suchlicki. "Ellos quieren saber lo que están haciendo las organizaciones del exilio, están interesados en las actividades de EEUU y buscando información, y viendo si pueden robar datos tecnológicos que puedan pasar a los chinos, los iraníes o los venezolanos''.

Simmons, un experto profesional en contrainteligencia, se encontraba en el sur de la Florida para entrevistarse con los medios de prensa local, como parte de un esfuerzo de dar publicidad al libro que está escribiendo con Ana Margarita Martínez, ex esposa del espía de la Red Avispa Juan Pablo Roque.

Roque no fue arrestado porque escapó a Cuba el día antes que un MiG cubano derribara a dos avionetas desarmadas de los Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996.

Simmons y Martínez aseguraron que el manuscrito será entregado a una casa editora el año que viene, pero que tal vez no sea publicado hasta el 2010.

Según ellos, el libro, cuyo título provisional es The Spy's Wife: Beyond Betrayal (‘‘La esposa del espía: más allá de la traición''), será una crónica de la relación de Martínez con Roque y el secreto grupo de espías que la rodeaba sin ella saberlo.

Simmons, quien escribe periódicamente una columna para la sección de opinión de The Miami Herald, dijo haber estado siguiendo la pista a espías en todo el mundo desde 1986, cuando se hizo oficial de contrainteligencia.

En la década de 1990, llevó a cabo investigaciones de contraespionaje del Ejército en Estados Unidos, y luego pasó a trabajar en contrainteligencia latinoamericana para la Agencia de Inteligencia de Defensa del Pentágono (DIA).

Poco después de que derribaran las avionetas de los Hermanos al Rescate, Simmons fue nombrado jefe de análisis de contrainteligencia para América Latina, especializándose en Cuba. Recientemente se retiró de la DIA y regresó a la contrainteligencia del Ejército.

En la DIA, Simmons jugó un papel significativo en la captura de Ana Belén Montes, quizá la agente cubana infiltrada más significativa en las fuerzas armadas de EEUU. Montes, quien trabajó como espía cubana por años, había sido la principal analista de inteligencia de Cuba en la DIA.

Simmons afirmó que, cuando comenzó a vigilar a los espías cubanos, los agentes y oficiales de La Habana en la Florida llegaban a unos 300.

Pero la pérdida de los subsidios soviéticos al terminar la guerra fría a principios de la década de 1990 forzó a La Habana a reducir su fuerza de espionaje. Parte de la reducción, explicó, tuvo que ver con el despido de agentes adicionales que vigilaban las organizaciones de los exilados cubanos, entre otros blancos.

"Probablemente se dijeron: ‘¿Para qué tener a siete agentes reportando sobre Alpha 66 cuando podemos hacerlos ahora con cuatro?' '', dijo Simmons. "Bueno, saquemos a los otros''.

Simmons dijo que La Habana no ha cambiado sus objetivos a espiar desde el fracaso de la Red Avispa.

Cinco miembros fueron condenados en el 2001 por un jurado federal en Miami, y otros cinco se declararon culpables antes. Al menos otros cuatro, entre los cuales estaba el ex marido de Martínez, escaparon a Cuba.

Desde entonces, Cuba ha lanzado una campaña internacional con objeto de persuadir a Estados Unidos de que ponga en libertad a los cinco condenados, conocidos como los Cinco Cubanos.

Los objetivos del espionaje cubano incluyen a los individuos y grupos del exilio cubano que pudieran ser peligrosos para el régimen cubano, así como las instalaciones militares estadounidenses desde las cuales se podría lanzar un ataque a Cuba, o cuyas actividades pudieran ser de interés para los servicios de inteligencia de sus aliados extranjeros.

"Cuba [está] bien enfocada en lo que necesita para defender el régimen y en lo que necesita tomar de Estados Unidos en su papel de traficante de inteligencia'', afirmó Simmons. "Así que ellos han configurado sus operaciones de modo que, dondequiera que haya una población de exiliados cubanos, ellos tienen a alguien. Nueva York, New Jersey, Florida, el suroeste de California, y además las operaciones militares de EEUU. Las bases importantes que les interesan a ellos están mayoritariamente en el sudeste''.

En la Florida, según Simmons, los espías cubanos vigilan las instalaciones militares desde Cayo Hueso hasta Tampa y Jacksonvile, mientras que los agentes en el área de Miami siguen la pista a organizaciones e individuos clave del exilio. Dijo que, de los 210 espías que se estima hay en todo el estado, cerca de dos tercios están en el sur de la Florida.

Las tácticas descritas por Simmons se parecen a las que empleaba la Red Avispa. Evidencia hallada por el FBI mostró que los agentes tenían órdenes de espiar a la Fundación Cubano Americana, los Hermanos al Rescate y el Movimiento por la Democracia, así como la estación aérea y naval de Boca Chica, cerca de Cayo Hueso, y el Comando Sur de EEUU en el área de Miami.

cf,gtd,8,8,7 achardy@MiamiHerald.com

miércoles, julio 02, 2008

JOE GARCIA INVITADO NUEVAMENTE A PUERTO RICO POR LIDERES DEL EXILIO CUBANO

El Lic. Joe Garcia estuvo de visita en Puerto Rico la semana pasada donde participo de una amena reunion con importantes empresarios cubanos que le manifestaron su apoyo politico y economico en su empeno por alcanzar un escano en el congreso federal por el Partido Democrata como congresista.

Joe impacto a los presentes con su alocucion y su impetu por tratar de unir al exilio cubano de diferentes generaciones. El Lic. Garcia es un defensor del derecho de los cubanos a visitar a sus familiares en Cuba asi como una politica dirigida al no aislamiento de la Isla lo cual esta siendo atacado por los congresistas republicanos de la Florida.

Joe Garcia fue invitado a un proximo encuentro en la Casa Cuba de San Juan donde spodra compartir e intercambiar sus ideas con un mayor grupo de lideres y exiliados cubanos residentes en Puerto Rico.
Las nuevas generaciones de cubanos en su mayoria abogan por una politica de no confrontacion ni division entre cubanos tanto de la Isla como del exilio. La politica que hasta el momento ha sobresalido por las ultimas cuatro decadas ha estado marcado por el NO dialogo, la intransigencia y supuesta "mano dura" lo cual ha sido un fracaso pues el gobierno cubano se alimenta de las divisiones provocadas por esta politica de supuesta "linea dura".
Foto: Joe Garcia (izq), Jose Gonzalez, Enrique Rubio y Jay Martinez en San Juan, Puerto Rico.

domingo, junio 29, 2008

EL MURO DE LOS LAMENTOS Y EL MAR DE LA ESPERANZA


El muro de la Ermita: refugio espiritual de los cubanos


LYDIA MARTIN
The Miami Herald


Cuando hay buena luz, uno puede pararse en el muro de contención detrás de la Ermita de la Caridad en Coconut Grove y ver con claridad del fondo de la Bahía de Biscayne.
Hay un montón de monedas, cada destello de cobre y níquel un ruego al destino. En cualquier tarde se puede escuchar el plop plop plop de las monedas al caer al agua. También hay uno que otro billete de dólar y uno se pregunta si habrá alguien lo suficientemente desesperado como para lanzarse al agua.


Mirar las aguas de poca profundidad es como meditar. Este lugar, que el aire bate constantemente, detrás de la Ermita de la Caridad, que lleva el nombre de la patrona de Cuba, es tan conmovedor como el edificio mismo, que se parece a una virgen de 90 pies cubierta por un manto y contemplando el mar.


Ese muro es el lugar de reflexión de Miami, un centro de constantes rituales. Muchas personas vienen aquí para deshacerse de algo que los ha afligido: el anillo de un compromiso roto, el bastón tras una lesión, las llaves de una casa de los sueños ahora perdida.


La salvadora energía del muro es lo que atrajo a Carmen Penalva cuando salió recientemente de un tribunal de Miami y se dirigió directamente a la Ermita. Luego se sentó en el muro, la cabeza entre las manos, a rezar por su hijo de 15 años.


"Lo arrestaron por robo pero probablemente sólo lo condenen a servicio comunitario'', dijo Penalva, gerente de una compañía de exportación. "Yo quería que el juez fuera más duro. Mi hijo se corta [su propio cuerpo]. Está deprimido. Se pone violento. Yo estoy sola y realmente ya no puedo con él''.


Penalva le rezó a la Caridad y lanzó siete centavos a la bahía a nombre de la Virgen de Regla.
"Ella es madre. Le pedí ayuda para mi hijo'', dijo. Fue aquí donde, hace 16 años, Penalva lanzó al mar las cenizas de su padre. "Lo hicimos cuando nadie estaba mirando. Este es lugar más cercano a Cuba. Representa un poquito de todos nosotros''.


En el extremo norte del muro, donde la histórica Vizcaya sirve de frente de las torres de Brickell Avenue, un Elegguá --el dios de la Santería que abre los caminos-- contempla la superficie del mar con sus ojos de conchas. En el extremo sur, cerca del Hospital Mercy, algunos collares de santería se enredan a una roca, las cuentas amarillas y ámbar de Ochún, las azules y blancas por Yemayá.
¿Por qué se deshace un creyente de su protector Elegguá o de sus sagrados collares? Quizás haya muerto y algún ser querido los haya dejado allí. ¿O los arrojó el creyente en un rapto de cólera contra los dioses? Y esos blancos pétalos de rosa que flotan hacia uno, ¿fueron arrancados uno a uno y lanzados a la bahía por una persona que sufre? ¿O quizás está agradecida?
Los exiliados cubanos se sienten atraidos a este lugar desde hace décadas. Se paran aquí, tratando de ver, más allá del horizonte, la patria perdida. Algunos dan gracias. Otros vienen para implorarle desesperados a la Caridad que les devuelva los seres queridos perdidos en el mar. El santuario es el primer lugar al que muchos vienen tras llegar de la isla, en cumplimiento de sus promesas a la Virgen cuando le rogaron que les permitiera alcanzar la libertad. El muro, a pocos pies de distancia, es su segunda parada. Algunas veces, como en el caso del padre de Penalva, también es el último.


Muchos exiliados quieren que éste sea su último lugar de descanso, frecuentemente porque no pueden ser enterrados en Cuba y tienen que conformarse con la segunda mejor opción. O porque sus familias no tienen suficiente dinero para un entierro católico y porque traer las cenizas al lugar que tanto representa de la espiritualidad y el patriotismo cubanos parece la alternativa más digna, no importa lo que diga la Iglesia.


"Es el muro de los lamentos de Miami'', dijo monseñor Agustín Román, veterano líder espiritual de Miami, que dirigió una campaña de recaudación en los años 1960 para construir la Ermita. ‘‘Nosotros sabemos que la gente esparce las cenizas allí. Pero eso no es respetuoso para los difuntos. Si usted las tira al mar se convierten en comida para los peces. Nosotros tenemos un nicho en el cementerio donde ponemos las cenizas de cualquiera si la familia no puede pagar un entierro''.


Junto al mar hay letreros colocados sobre el muro.


"Prohibido nadar, pescar, traer animales, consumir bebidas alcohólicas, alimentar las palomas o esparcir cenizas humanas antes de ver primero a un sacerdota para que lo oriente''.
En general, la gente sigue las normas. Excepto que. . . .


"Yo soy católico y sé que la Iglesia Católica prohíbe esparcir las cenizas. ¿Pero qué mejor lugar para descansar que aquí mismo frente a la Ermita? Mi hija y yo hemos acordado que cualquiera que se vaya primero, la otra va a traer sus cenizas aquí'', dijo Alejandra Alvarez, 77, en una de sus visitas regulares. "Vengo a rezar aquí desde que llegué de Cuba hace 40 años. Es el lugar más tranquilo que conozco''.


Lee Gavilla, una enfermera que vive en Pembroke Pines, arrojó las cenizas de su madre aquí en el 2001.


"Sabíamos que no se debía hacer, pero era lo que mi madre quería. Siempre fue su refugio'' dijo Gavilla. "Vinimos a mediados de semana cuando no hubiera mucha gente. Eramos como seis. Dijimos unas palabras, derramamos algunas lágrimas. Conozco varias personas que han hecho lo mismo. No hay ningún otro lugar que sea más auténticamente cubano. Y no importa lo tenso que uno esté, si uno se sienta allí, en esa brisa, todo parece un poco mejor''.


Por católico que sea el templo, muchos de los devotos que vienen aquí también son fieles de la santería. En el sincretismo religioso cubano, la Caridad, una aparición de la Virgen María, también es llamada Ochún, uno de los orishas, los dioses de la santería.


"Un santuario es precisamente un lugar donde la religión católica hace contacto con el pueblo'', dice Román. "Nosotros sabemos que hay gente que realiza rituales allí junto al muro. Pero lo hacen muy respetuosamente. No nos dejan verlo''.


Los curas y monjas del santuario quizás también hayan cambiado la vista cuando la gente escribe oraciones en el hormigón por la feliz llegada de un balsero. Y cuando han escrito improvisados epitafios. Con el tiempo, las palabras se borran o las borra el personal. Pero algunos mensajes sobreviven:
"EPD (RIP) Mami. Te extrañamos. Tus hijos, nietos y bisnietos''.


"Alexis Ramírez, 1-20-67, 2-20-08. Te recuerdo estará siempre en nuestros corazones . . . Tu esposa y tus hijos''.


Nadie sabe cuándo la gente empezó a tirar monedas en la bahía. Durante años cada centavo que la comunidad exiliada pudo reunir fue para la construcción del templo.


"Todos los días llevaba sacos de monedas al banco," dice Román, que a los 80 años todavía está activo, aunque retirado de funciones oficiales, y todavía vive en una casa de la Arquidiócesis cerca del templo.


"La comunidad empezó a trabajar para construir una casa para la Virgen antes de tener casas ellos mismos. Empezaron comprometiendo su primera hora de trabajo, en las fábricas, recogiendo tomates, lavando platos. Quizás era $1.25 o $1.50. Es por eso que usted no ve placas aquí. No hubo ninguna familia que entregara una cheque grande. Este santuario se pagó centavo a centavo. Es por eso que usted verdaderamente puede decir que pertenece al pueblo''.
A un costo de casi $500,000 e inaugurada en 1973, la Ermita está situado de tal forma que el sacerdote que oficia le da la espalda a Cuba y los feligreses están frente a la isla. Según la leyenda, a principios de los años 1600 la Virgen se le apareció a tres pescadores víctimas de una tormenta en la Bahía de Nipe en la costa noreste de Cuba, así que en 1966, cuando el arzobispo de Miami Coleman F. Carroll decidió darle algún terreno a la emergente comunidad cubana para el santuario, sabía que tenía que estar junto al mar.


"Era importante que el templo estuviera en el mismo mar que baña a Cuba'', dijo Román, uno de los 131 sacerdotes expulsados de la isla en 1961 en una barco rumbo a España.


Román fue obligado a salir de la isla pocos días después que la comunidad exiliada participara en la primera Misa de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre de Miami. El arzobispo Carroll había esperado que 5,000, quizás 10,000 personas, se presentaran en el Estadio Bobby Maduro aquel 8 de septiembre, el día de Nuestra Señora de la Caridad. Pero fueron 30,000. Pocas horas antes de la misa, la Virgen que ahora ocupa el altar en la Ermita había llegado de contrabando desde Cuba de la mano de Luis Gutiérrez Areces.


Gutiérrez había sido revolucionario, pero cambió cuando quedó en claro la dirección por la que Fidel Castro llevaba al país. Su vida en peligro, Gutiérrez pidió asilo en la embajada de Panamá. Llevaba un mes allí y había recibido un mensaje del gobierno de Castro "de que me pudriría en el embajada porque nunca me dejarían salir vivo''.


El 7 de septiembre súbitamente le dijeron que podría salir de Cuba al día siguiente.
"Una mujer en la embajada me preguntó si le podría hacer un favor y llevar una maleta para Miami. Me dijo lo que había en la misma. Yo siempre había sido devoto de la Caridad. Le dije: ‘No es un favor'. Nunca sabré como fue recibí ese permiso de último minuto para salir de Cuba. Tuvo que ser la virgencita de la Caridad''. dice el empresario de 71 años y vecino de Medley.


Gutiérrez dice que en Cuba nadie inspeccionó la maleta en el aeropuerto. El tampoco miró adentro. Cuando llegó al Aeropuerto de Opa-locka esperaba darle la maleta a un par de monjas que debían estar esperando. Nunca aparecieron. Así que llevó la maleta a la iglesia St. Patrick de Miami Beach, a donde iba de todas maneras para el bautismo de su hija, que había nacido un mes antes en Miami.


Entregó la maleta en la iglesia y la Virgen fue llevada a toda prisa al estadio justo a tiempo para la primera misa.


"Ella me sacó de Cuba. Y siempre me ha cuidado '', dice Gutiérrez, que va a la Ermita todos los sábados. "Me hubieran podido matar si se enteraban que estaba sacando la Virgen de contrabando. Pero cualquiera lo hubiera hecho. Es la madre de todos los cubanos''.


La Virgen también es una exiliada, dicen muchos fieles de ella, que estaba en una iglesia en Guanabo y es una réplica de la Caridad que todavía está en el famoso santuario de El Cobre.
Es por eso que el indigente aceptó robarse la Virgen en Miami por una caja de cerveza en 1994 nunca tuvo ninguna posibilidad real. Logró agarrar la imagen, de 15 pulgadas de alto, pero fue perseguido y lanzado al suelo por un devoto cuyas oraciones había interrumpido. "Nunca supimos quién estuvo detrás el intento de robo'', dice Román. "Pero siempre hay gente dentro y fuera de este templo. Le arrancaron la Virgen de las manos. Yo lo he visitado en la cárcel. Era un pobre indigente que no tenía idea de lo que estaba haciendo''.


La Ermita está en la jurisdicción de la Aquidiócesis de Miami pero no es una iglesia oficial con una parroquia. No se hacen bodas aunque se celebra misa regularmente. El santuario tiene capacidad para 500 personas.


"Todo el mundo estaba apurado por construirla porque todos esperaban volver pronto a Cuba y querían dejar el templo a la Caridad como un símbolo del tiempo que habían pasado aquí'', dijo Román. "Yo quería esperar, recaudar más dinero y hacer algo más grande. Pero no pude convencer a nadie. Sugerir que pudiéramos estar más tiempo aquí era ofender''.


Hoy medio millón de personas --muchos de ellos no cubanos-- visitan el santuario todos los años. Pero para la comunidad cubana exiliada el santuario y su muro marino son un testamento a los que nunca pudieron regresar y siguen viviendo en una Cuba mental.


"Vengo aquí casi todos los días'', dice José Luis Barcells, de 79 años y frágil, acompañado de Beatrice Mills, su enfermera. "El muro es un lugar muy tranquilo''.
¿Cuando se fue de Cuba?
"Nunca me fui. Tengo un apartamento aquí. Tengo un apartamento allá. Pero todavía vivo en Cuba'', dijo.


La enfermera se encoge de hombros. En realidad él vive en una casa y hace muchos años que no ha vistado Cuba. En ocasiones le falla la memoria. Pero en el muro cualquiera lo entendería.
lmartin@MiamiHerald.com