
ELOGIO DEL EXILIO
Por Abel German
El exilio cubano, denostado e incomprendido como pocos, merece un panegírico. Pero, pese al título, no seré yo quien lo escriba. No sé si estaría a la altura. Únicamente me limitaré a exponer las razones que, en mi opinión, lo justificarían.Es cierto -resulta forzoso reconocerlo- que en su historia hay de todo. Desde actuaciones correctas hasta otras menos o nada ortodoxas que, a la postre, han lesionado su imagen y, lo que es aún más lamentable, dado pábulo al régimen y sus cómplices. La más reciente y señalada de estas últimas quizás se localice en 2000, durante la presencia del niño Elián en EEUU. Como se recordará, entonces los exiliados miamenses no computaron bien las ventajas del régimen.
Ignoraron que, dictadura al fin, éste lo controla todo, incluido, de modo muy especial, el material -humano y logístico- que se utiliza para producir opinión; eso que, por algo, se conoce como el "cuarto poder". Y, junto con esto, ignoraron también la larga experiencia que estos tienen en tales menesteres.Errores ha habido pues. Muchos. Y sigue habiéndolos. Algunos -también es cierto- estimulados, si no cometidos en su nombre -en nombre del exilio, de la oposición, quiero decir- por ese pulpo descomunal e insidioso que es la Seguridad del Estado cubana. Un pulpo que no sólo tiene muchos tentáculos, sino también muchos rostros. Pero hay uno de esos errores que me interesa de modo especial por ser muy común, de los más nocivos y, como también es consustancial con las pasiones políticas sanas, de los más escurridizos. Me refiero a la imitación en las formas, en los métodos, de la dictadura. A la aplicación del "ojo por ojo" bíblico.
Al hecho de ignorar el valioso término medio aristotélico o la sentencia de Montaigne que dice, con razón, que El arquero que no rebasa el blanco no falla menos que aquel que no lo alcanza . Dicho esto se comprenderá que no me refiero a esos compatriotas que emigran en busca de mejoras económicas y de libertad, y que tienen su propio significado. No. Me refiero sólo a aquellos que en la isla agotaron las opciones posibles para abrir brechas en los muros del régimen y que, en determinado momento, se vieron abocados a la disyuntiva terrible del exilio o la cárcel, y optaron por el exilio.Pero antes explicaré el porqué de la fatalidad -que es lo que le confiere el valor de que hablo- de esa elección.
La oposición, sobre todo en las dictaduras especialmente cerradas del anillo rojo, nunca contó con mucho espacio para oponerse. Y en Cuba, con varias desventajas en su haber, menos aún. Recordemos, hablando de esas desventajas, que Cuba es la tierra pequeña que es, con una historia no menos pequeña y a propósito, rodeada de ese pequeño mar, mitad físico, mitad metafísico que sabemos: su superficie es de sólo 110.861 km², su corta historia no le acredita una experiencia democrática suficiente, el mar la separa y la conecta a la vez con regiones geográfica e históricamente peculiares, y la distancia que media entre ella y EE UU es de apenas unos 144 kilómetros. Es decir, que Cuba es una geografía y una historia que, en su contexto, el régimen ha podido y ha sabido usar. Tanto es así que, hoy por hoy, y desde hace ya medio siglo, ha convertido el país en un enorme cuartel saturado de calabozos, chivatos, cámaras, micrófonos y legislaciones arbitrarias.
Podemos decir que el ojo cederista no es la alegoría insustancial de un logotipo, es un ojo de verdad. Por eso ha logrado justificarse y actuar con impunidad; por eso ha mantenido, y mantiene con mano firme, al pueblo bajo coacción y a los opositores bajo control. Y por eso ha insuflado en, y a la sociedad cubana, día tras días, año tras años, década tras décadas, con la sabiduría del peor Maquiavelo -ya se sabe: Divide ut regnes-, grandes dosis de desconfianza.Estrategia ésta, la de insuflar desconfianza, que es la predilecta del régimen, y que serviría para explicar muchos de los "errores" que se imputan, dentro y fuera de la isla, a los opositores.El acoso, el aislamiento, las descalificaciones impunes, etc., hacen que la oposición haga sólo lo que puede hacer.
Es decir, muy poco. En cambio el régimen sí puede hacer, y mucho, en contra y con la oposición. Aún en los momentos de perplejidad y debilidad extremas que siguieron al derrumbe del campo socialista continuó, como lo hace, aferrado a ésa, una de sus armas pesadas, que le permite asimilar y aprovecharse hasta de la adversidad. O, para decirlo con las palabras de una de sus consignas, le permite hasta convertir los reveses en victorias. Y -agrego- a la oposición en un su aliado involuntario.¿Cómo? Pues envolviéndola, a la oposición, en la saliva de ese control. Gráficamente:a) Penetrándola con agentes o chivatos que actúan de conformidad con la imagen que el régimen quiere transmitir de los opositores. Es decir, creando su propia "oposición" dentro de la oposición y, cuando procede, divulgando esa imagen por sus medios masivos de comunicación que, como se sabe, son todos los de la isla.b) Dejándola actuar o, para decirlo con una imagen común: "dándole cordel", cuando no constituye una amenaza importante, o cuando supone que es lo que le conviene. c) Y deteniéndola, enjuiciándola y encarcelándola arbitrariamente cuando sí, como sucedió, por ejemplo, en la primavera de 2003.
Todo lo cual suele ser reforzado por un bombardeo sistemático de infamias a través de los medios de divulgación antedichos; descalificaciones y calumnias que, sobra decirlo, los opositores no tienen ni la más mínima oportunidad de rebatir en esos medios.Aquí se impone señalar una única, si bien penosa, excepción. Me refiero al momento en que el régimen pierde la paciencia. Entonces reprime a mansalva a los opositores con movilizaciones que apestan a linchamiento y que ellos llaman "actos de repudio"; con registros humillantes y absurdos; con golpizas e intimidaciones dirigidas más bien, a modo de advertencias, al resto de la población. Y es una excepción porque estos actos, que los represores suelen ocultar lo mejor que pueden valiéndose del silencio de la prensa y de la complicidad interesada de sus intelectuales, de los "amigos" foráneos e, incluso, de algunos gobiernos, tarde o temprano salen a la luz y, cuando lo hacen, ponen al descubierto su monstruosa esencia. Fue lo que sucedió, pongamos por caso, en los preámbulos de la Primavera Negra de 2003.
Y es lo que, al parecer, está sucediendo en estos días, cuando acaba de producirse la irrupción violenta de las Fuerzas Especiales en la casa de los líderes del movimiento estudiantil por la democracia, los hermanos Rodríguez Lovaina, después de varios días de acoso, con un saldo de 14 activistas de derechos humanos detenidos. O sea -y de ahí lo penoso-, que el régimen pierde realmente cuando hace perder a la oposición. O que la oposición golpea al régimen con los golpes que recibe del propio régimen, como si los rebotase. Aunque la repercusión de este efecto no pasa de ser anecdótico.
El control que la dictadura mantiene sobre todo lo que respira en la isla se encarga de que así sea. Dicho esto, volvamos a lo que sucede cuando esa represión descarnada no se produce. O cuando se ha producido y ha pasado, por ejemplo, a la tenebrosa rutina de las cárceles. Así, mediante ese conjunto de trapacerías y arbitrariedades, el régimen puede transformar a la oposición interna en parte de su patrimonio político. Si libre, "siembra" en ella -en la oposición- lo que le interesa. Por ejemplo, actuaciones que coincidan con el sector más recalcitrante del exilio y, en su caso, con las administraciones estadounidenses de turno.
Esto hace que las posibilidades de influencia de dicha oposición se reduzcan sensiblemente y que, de paso, se justifiquen, más o menos, ante la opinión pública manipulada, las medidas represivas que siempre terminan por aplicar. Y, lo más importante y peor, la presenta -a esa libertad de la oposición- como una prueba de tolerancia con que maquillar su imagen mediática. Y si condenada y encarcelada, y es lo más infame, la utiliza, entonces de forma aún más incuestionable, como capital político de reserva para sus negociaciones.
Los opositores condenados malviven, no en calabozos al uso, sino en cajas fuertes; y los presos, más que presos corrientes, son simples monedas de cambio. Cada vez que quiere obtener un rédito le basta con extraer un par de ellas. Y, como ese capital de reserva es abundante, para reponer el egreso sólo tiene que alargar la mano. Para que se tenga una idea, recordemos que de los veintisiete periodistas encarcelados en 2003 ocho fueron liberados-utilizados meses después. Cinco años más tarde aún cumplen condena diecinueve de aquéllos. Pero de los ocho utilizados, y ya desde fecha tan temprana como 2005, han sido renovados la mitad, tres de ellos después de que Raúl Castro sucediera a su hermano. Lo que -como indica RSF en su Informe de 2008-, convierte a Cuba en una de las principales cárceles de periodistas del mundo, sólo superada por China.
Esto en cifras brutas; si proporcionales, la isla se llevaría el trofeo con diferencia.Algo por cierto que -puesto que se trata de personas encarceladas sin garantías procesales mínimas, por causas que no constituyen delitos en ningún estado de derecho y que se utilizan como se utilizan- sólo puede ser comparado, sin exagerar, con la despreciable práctica de las guerrillas devenidas en grupos terroristas de Colombia. Es decir, que estos prisioneros de conciencia, estos periodistas y opositores que cumplen condenas absurdas basadas en códigos absurdos, no parecen otra cosa que simples secuestrados.Así pues -debemos reconocerlo con tristeza- la dictadura puede beneficiarse de casi todo lo que se mueve entre las paredes de esa gran celda, su celda, que es la isla.
Puede nutrirse de las necesidades del pueblo, de los errores en que ella misma incurre, de las amenazas de sus enemigos y de la oposición, tanto como de sus actuales aperturas económicas y sociales, de las expectativas que crea y de la desidia y la picaresca de aquellos ciudadanos que, por medrar, les da igual que sea en el fango. Panorama ante el cual la opción del exilio aparece casi como, lo dicho, una "fatalidad". Pero también como una respuesta eficaz a la dictadura.Es evidente que -y con ello resumo esas razones que justifican, a mi modo de ver, dicho panegírico- el exilio se salva, grosso modo, de esta descomunal y virulenta manipulación que es, a fin de cuentas, el totalitarismo. Por así decirlo, el exilio es quizá el único revés que el régimen no puede convertir en victoria. ¿No es ése un mérito suficiente para merecer, aunque sólo sea, esa mínima justicia?
* Abel German (Morón, 1951). Escritor y periodista cubano. Ha publicado "El día siguiente de mi infancia" (Editorial Letras Cubanas); "Cubo de Rucbick" (Editorial Unión) y "Curiosidades" (Ediciones Extramuros). También ha publicado poemas en revistas culturales cubanas, mexicanas y colombianas, así como en antologías de México y Cuba. Trabajó en la Agencia de prensa independiente "Cuba Press" desde su fundación como editor y articulista, colaborando, entre otros, con Radio Martí, Cuba Free Press, Cubanet y Revista HC de la Fundación Hispano Cubana. Actualmente se encuentra exiliado en España.
Fuente Proyecto Sukhoi T-60s -